miércoles, 11 de mayo de 2016

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Se me han enganchado los ojos a su sombra.
Inspiro, espiro.
Siento las pulsaciones bajo mi piel, en las sienes, en las muñecas.
Me encuentro en un permanente estado de alerta, deseando no encontrarle al girar la esquina, deseando no escuchar de repente su risa amortiguada en cualquier local.
Vivo huyendo de un nosotros que nunca dejó de ser un yo y un él, un nosotros desvaído e incompleto.
Me temo que en alguna de estas escapadas me voy a dejar la razón olvidada.