miércoles, 30 de diciembre de 2015

Tu espiral

La palabra amor me da miedo. Como el verbo querer. Hoy en día nadie quiere reconocer lo que siente, por miedo a que los demás le digan lo poco que valen esos sentimientos. Yo tampoco soy capaz de reconocerlos. Puedo doblarme sobre mí misma al escuchar tu nombre y sonreír.

Y como soy una estúpida espero y tenso y fuerzo todo para luego darme cuenta de que no puedo seguir viviendo así. Como decía tu canción, “ni contigo ni sin ti, ostia puta”. Esa frase nunca había tenido tanto sentido como hasta ahora. Tengo que elegir entre joderme la vida contigo o joderme la vida sin ti. “Si duele no es amor”. Estoy harta de escucharlo. Si duele es amor. Pero amor tóxico.

“En verdad eres como una droga”, dijiste. Una droga de esas que te matan lentamente pero es dulce.  Estoy enganchada pero en el fondo no quiero dejarlo. “Sólo que sé cómo me daña la heroína y yo no puedo herirla a ella, pero a ti sí". Y sin embargo, con el mero hecho de existir yo ya estoy dejando de hacerlo. Es un imán, un verdadero imán, cuanto más empeño pongo en huir de ti me acerco más irremediablemente y lloro, y río, y me tiemblan las piernas y siento cómo el frío me muerde desde dentro.
¿Quién eres tú para meterme en esta espiral, tu espiral? Ahora sólo soy un fantasma de tus emociones, un reflejo de tu mirada vacía, una calada de tu risa y un trago de tu humor negro a palo seco.
Me dueles.



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Arrivals 23:47

Los aeropuertos son lugares de alegría y de tristeza a partes iguales. Una de cal y otra de arena. Yo sigo esperando, sentada en el suelo frente a la puerta de llegadas. El avión de Berlín tardará poco más de veinte minutos, según dicen. Hace frío y en Barajas hay como un ambiente festivo que no acabo de encajar. Todo el mundo con sus gorros de Papá Noel, esperando a aquellos que quieren, con sus mejores sonrisas de espíritu navideño que desparecerán en cuanto primavera funda el invierno.
Y yo aquí, quieta, silenciosa, con el espíritu navideño todavía amordazado y la cabeza embotada, esperando el ruido de esa marea de gente volviendo a sus casas.
Es entonces cuando aparece, y entonces la navidad tiene sentido y tengo una razón por lo menos para ser feliz, y mi corazón bota en el pecho al sentir un abrazo. El calor de los que te quieren. El olor a cariño. Los ojos brillantes de sonrisa. La vuelta a casa.
Feliz Navidad.