La
palabra amor me da miedo. Como el verbo querer. Hoy en día nadie quiere
reconocer lo que siente, por miedo a que los demás le digan lo poco que valen
esos sentimientos. Yo tampoco soy capaz de reconocerlos. Puedo doblarme sobre
mí misma al escuchar tu nombre y sonreír.
Y
como soy una estúpida espero y tenso y fuerzo todo para luego darme cuenta de
que no puedo seguir viviendo así. Como decía tu canción, “ni contigo ni sin ti,
ostia puta”. Esa frase nunca había tenido tanto sentido como hasta ahora. Tengo
que elegir entre joderme la vida contigo o joderme la vida sin ti. “Si duele no
es amor”. Estoy harta de escucharlo. Si duele es amor. Pero amor tóxico.
“En
verdad eres como una droga”, dijiste. Una droga de esas que te matan lentamente pero es dulce. Estoy enganchada pero en el fondo no quiero dejarlo. “Sólo que sé cómo me daña la heroína y yo
no puedo herirla a ella, pero a ti sí". Y sin embargo, con el mero hecho de existir yo ya
estoy dejando de hacerlo. Es un imán, un verdadero imán, cuanto más empeño
pongo en huir de ti me acerco más irremediablemente y lloro, y río, y me
tiemblan las piernas y siento cómo el frío me muerde desde dentro.
¿Quién
eres tú para meterme en esta espiral, tu espiral? Ahora sólo soy un fantasma de
tus emociones, un reflejo de tu mirada vacía, una calada de tu risa y un trago
de tu humor negro a palo seco.
Me dueles.
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