No hace frío, hoy no.
Y no hay necesidad de cubrirse de capas y capas de ropa y máscaras.
A veces es bueno perderse, para así después encontrarse y descubrir que hay gente que te encontró antes de que tú lo hicieras. He cubierto mis heridas con el rasgueo de la guitarra y ahora tengo miedo de haber perdido mis sentimientos.
Mi yo de diario sonríe a la cámara mientras Elipsis gira la cabeza, incómoda. ¿A quién engaño? No siempre soy yo. No siempre soy Elipsis. Y tengo miedo de que una de las dos desaparezca y de sentir que me falta la mitad de mí misma.
¿Quién soy?
El tiempo, Cronos, lo dirá.
Hasta entonces, iré recogiendo mis jirones para no perder mi esencia.
domingo, 29 de noviembre de 2015
viernes, 13 de noviembre de 2015
Conversaciones II
- Eh. Hace tiempo que no nos vemos, ¿no crees? Verás, estuve pensando... Ya sabes, en todo. Con todo me refiero a todo, a ti a mí, a nosotros. Sé que debería disculparme...
Saca un paquete de cigarrillos y, con calma, saca un Lucky Strike. Lo posa entre sus labios y, tras encenderlo, exhala una bocanada de humo.
- Me arrepiento de muchas cosas. No debería hacerte echado la bronca el día ese que se te calló el café sobre mi vestido y me tuve que cambiar porque tenía prisa, ni ese día en que hiciste la reserva para el restaurante en el día que no era y no pudimos entrar y tuvimos que volver a casa y...
Él no ha abierto la boca desde que aparecí en la puerta de su casa, calada hasta los huesos y una botella de crema de orujo bajo el brazo, con el labio superior tembloroso y sin apenas maquillar. Se ha limitado a retirarse de la puerta para dejarme pasar. Los últimos diez minutos los ha pasado mirando a la nada, con la lluvia golpeando los cristales. Ni siquiera me he quitado el abrigo.
- Escucha -Se gira bruscamente, sin llegar a mirarme directamente a los ojos. Su voz está distorsionada por la rabia ¿O será el tabaco? Cuando le conocía no fumaba.- Ha pasado el tiempo.
- Lo sé, y por eso...
- No, no lo sabes. ¿Recuerdas a los pájaros? Dime, ¿lo recuerdas?
Asiento con la barbilla temblorosa y los ojos humedecidos.
- Fue la primera vez que te dije que te quería. Yo no me arrepiento de nada. Y todavía no entiendo qué haces aquí.
Me permito el lujo de reírme. Pero no suena brillante, como suelo reír yo. Es más un jadeo con un deje metálico y cortante. ¿Qué nos ha pasado?
- ¿Qué nos ha pasado? Ahora yo soy el pájaro que va solo. No quiero retomar lo que tuvimos, porque es imposible.
- Lo es. ¿Qué coño quieres?
- Cerrar este capítulo.
Avanza hacia mí lentamente, con el cigarrillo entre dos dedos. Su olor va haciéndose más y más fuerte según se va acercando, y a mí se me pone carne de gallina. El beso es suave y cálido, pero sus ojos son fríos, y su voz cortante.
- Ya está. Capítulo cerrado. Te quiero, siempre lo he hecho.
- Yo también te quiero.
Suspira con calma, como si fuese una niña pequeña a la que hay que explicárselo todo.
- Ambos sabemos que no es así. Llévate tu botella.
No se molesta en abrir la puerta. Retrocedo poco a poco hasta que siento el picaporte y me marcho. Sus labios permanecen sellados en los míos cuando me giro por última vez.
Saca un paquete de cigarrillos y, con calma, saca un Lucky Strike. Lo posa entre sus labios y, tras encenderlo, exhala una bocanada de humo.
- Me arrepiento de muchas cosas. No debería hacerte echado la bronca el día ese que se te calló el café sobre mi vestido y me tuve que cambiar porque tenía prisa, ni ese día en que hiciste la reserva para el restaurante en el día que no era y no pudimos entrar y tuvimos que volver a casa y...
Él no ha abierto la boca desde que aparecí en la puerta de su casa, calada hasta los huesos y una botella de crema de orujo bajo el brazo, con el labio superior tembloroso y sin apenas maquillar. Se ha limitado a retirarse de la puerta para dejarme pasar. Los últimos diez minutos los ha pasado mirando a la nada, con la lluvia golpeando los cristales. Ni siquiera me he quitado el abrigo.
- Escucha -Se gira bruscamente, sin llegar a mirarme directamente a los ojos. Su voz está distorsionada por la rabia ¿O será el tabaco? Cuando le conocía no fumaba.- Ha pasado el tiempo.
- Lo sé, y por eso...
- No, no lo sabes. ¿Recuerdas a los pájaros? Dime, ¿lo recuerdas?
Asiento con la barbilla temblorosa y los ojos humedecidos.
- Fue la primera vez que te dije que te quería. Yo no me arrepiento de nada. Y todavía no entiendo qué haces aquí.
Me permito el lujo de reírme. Pero no suena brillante, como suelo reír yo. Es más un jadeo con un deje metálico y cortante. ¿Qué nos ha pasado?
- ¿Qué nos ha pasado? Ahora yo soy el pájaro que va solo. No quiero retomar lo que tuvimos, porque es imposible.
- Lo es. ¿Qué coño quieres?
- Cerrar este capítulo.
Avanza hacia mí lentamente, con el cigarrillo entre dos dedos. Su olor va haciéndose más y más fuerte según se va acercando, y a mí se me pone carne de gallina. El beso es suave y cálido, pero sus ojos son fríos, y su voz cortante.
- Ya está. Capítulo cerrado. Te quiero, siempre lo he hecho.
- Yo también te quiero.
Suspira con calma, como si fuese una niña pequeña a la que hay que explicárselo todo.
- Ambos sabemos que no es así. Llévate tu botella.
No se molesta en abrir la puerta. Retrocedo poco a poco hasta que siento el picaporte y me marcho. Sus labios permanecen sellados en los míos cuando me giro por última vez.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
¡Qué miedo me entró cuando descubrí que
todo lo que había dejado atado se había escapado al cruzar mis ojos contigo!
No puedo callarte a besos porque tengo
miedo de que te evapores con mi aliento.
Cuento los días que me faltan para volver
a escuchar tu risa profunda y se me comprime el estómago.
A veces quisiera ser capaz de cerrar los
ojos e irrumpir de lleno en tu mente.
Cuántas veces he deseado girarme y
retener el color de tus mejillas unos segundos más.
No hay nada que caliente más las tardes
de otoño que un buen café o tu sonrisa helada.
Bendita la casualidad que me llevó hasta
tu entorno, y bendita la melodía que tarareas cuando estás alegre.
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