viernes, 13 de noviembre de 2015

Conversaciones II

- Eh. Hace tiempo que no nos vemos, ¿no crees? Verás, estuve pensando... Ya sabes, en todo. Con todo me refiero a todo, a ti a mí, a nosotros. Sé que debería disculparme...
Saca un paquete de cigarrillos y, con calma, saca un Lucky Strike. Lo posa entre sus labios y, tras encenderlo, exhala una bocanada de humo.
- Me arrepiento de muchas cosas. No debería hacerte echado la bronca el día ese que se te calló el café sobre mi vestido y me tuve que cambiar porque tenía prisa, ni ese día en que hiciste la reserva para el restaurante en el día que no era y no pudimos entrar y tuvimos que volver a casa y...
Él no ha abierto la boca desde que aparecí en la puerta de su casa, calada hasta los huesos y una botella de crema de orujo bajo el brazo, con el labio superior tembloroso y sin apenas maquillar. Se ha limitado a retirarse de la puerta para dejarme pasar. Los últimos diez minutos los ha pasado mirando a la nada, con la lluvia golpeando los cristales. Ni siquiera me he quitado el abrigo.
- Escucha -Se gira bruscamente, sin llegar a mirarme directamente a los ojos. Su voz está distorsionada por la rabia ¿O será el tabaco? Cuando le conocía no fumaba.- Ha pasado el tiempo.
- Lo sé, y por eso...
- No, no lo sabes. ¿Recuerdas a los pájaros? Dime, ¿lo recuerdas?
Asiento con la barbilla temblorosa y los ojos humedecidos.
- Fue la primera vez que te dije que te quería. Yo no me arrepiento de nada. Y todavía no entiendo qué haces aquí.
Me permito el lujo de reírme. Pero no suena brillante, como suelo reír yo. Es más un jadeo con un deje metálico y cortante. ¿Qué nos ha pasado?
- ¿Qué nos ha pasado? Ahora yo soy el pájaro que va solo. No quiero retomar lo que tuvimos, porque es imposible.
- Lo es. ¿Qué coño quieres?
- Cerrar este capítulo.
Avanza hacia mí lentamente, con el cigarrillo entre dos dedos. Su olor va haciéndose más y más fuerte según se va acercando, y a mí se me pone carne de gallina. El beso es suave y cálido, pero sus ojos son fríos, y su voz cortante.
- Ya está. Capítulo cerrado. Te quiero, siempre lo he hecho.
- Yo también te quiero.
Suspira con calma, como si fuese una niña pequeña a la que hay que explicárselo todo.
- Ambos sabemos que no es así. Llévate tu botella.
No se molesta en abrir la puerta. Retrocedo poco a poco hasta que siento el picaporte y me marcho. Sus labios permanecen sellados en los míos cuando me giro por última vez.

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