¡Qué miedo me entró cuando descubrí que
todo lo que había dejado atado se había escapado al cruzar mis ojos contigo!
No puedo callarte a besos porque tengo
miedo de que te evapores con mi aliento.
Cuento los días que me faltan para volver
a escuchar tu risa profunda y se me comprime el estómago.
A veces quisiera ser capaz de cerrar los
ojos e irrumpir de lleno en tu mente.
Cuántas veces he deseado girarme y
retener el color de tus mejillas unos segundos más.
No hay nada que caliente más las tardes
de otoño que un buen café o tu sonrisa helada.
Bendita la casualidad que me llevó hasta
tu entorno, y bendita la melodía que tarareas cuando estás alegre.

Ojalá poder parar el tiempo con esas personas.
ResponderEliminarPor desgracia, hay personas a las que nunca conseguiremos atar a nosotros...
EliminarEs un placer, como siempre :)
Hay casualidades que nos rompen la vida y la vuelven a recolocar a su antojo. Hay casualidades que hacen que el miedo no sea más que humo...
ResponderEliminarPrecioso.
Por desgracia todavía espero esa casualidad que ordene al resto...
EliminarPara mí es un honor tenerte aquí. Espero que te guste :)