viernes, 16 de enero de 2015

Para Elisa

Querida Elisa:

Te escribo esto porque estoy perdido. Una vez te dije que yo vivía bajo el agua helada. Antes podía salir a respirar a mi aire, pero ahora hay una especie de costra muy, muy gruesa de hielo que me lo impide. Y aunque lo golpeo y lo golpeo, con fuerza, con constancia, con miedo, la plancha de hielo no cede.

Te escribo porque antes me guiaba por una luz. Esa luz me calentaba, me alumbraba cuando lo necesitaba. Y a pesar de que a mí me gustaba vivir bajo el manto de agua helada, a veces me gustaba sentir el calor de esa luz. Era como una manta que me cubría. Y a veces, por un momento, sentía que no había necesidad de vivir bajo el agua helada. Que podía salir a la superficie y sentir el calor de esa luz más cerca. No era una luz. No sé qué era. Pero creo que eras tú.

A veces, cuando estaba solo en casa, te veía en los reflejos de los espejos. A veces creía que cuando me girase te iba a ver detrás de mí, con una sonrisa de lado, irónica, de esas que pones tú. Sentía cómo crujía la madera de las escaleras bajo tus pasos, para luego comprobar que era el viento. Me acostaba y sentía cómo me arropabas. A veces incluso notaba tu beso justo aquí, en la línea de la barbilla. Y esa sensación permanecía palpitante un buen rato, a veces toda la noche.

Querida Elisa, me destrozas poco a poco. Tú no, me destroza tu recuerdo. Me destroza no ver tus palabras flotando alrededor mío, y me destroza escuchar música y verte bailar en mi mente, riendo sin sonido y con el rostro diluido pero los ojos verdes, y me destroza no sentir nunca esa manta.

A veces estás tan cerca que noto tu aliento en la hendidura de mi clavícula. Y noto tus uñas en mi nuca. A veces estás tan lejos que todo es silencio y parece que vivo en una realidad paralela. Porque, querida, a veces me pregunto si existes, si no eres más que el fruto de mi imaginación. Si me sientes detrás de ti en el pasillo de tu casa, o si oyes la puerta cerrarse detrás de mí cuando no entro, o si me oyes susurrar en silencio contra tu garganta. Si escuchas mi respiración entrecortada cuando duermo o si te ríes cuando no me sientes. Si eres feliz sin mí. Si te tengo o si me has perdido.



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