miércoles, 30 de diciembre de 2015
Tu espiral
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Arrivals 23:47
Los aeropuertos son lugares de alegría y de tristeza a partes iguales. Una de cal y otra de arena. Yo sigo esperando, sentada en el suelo frente a la puerta de llegadas. El avión de Berlín tardará poco más de veinte minutos, según dicen. Hace frío y en Barajas hay como un ambiente festivo que no acabo de encajar. Todo el mundo con sus gorros de Papá Noel, esperando a aquellos que quieren, con sus mejores sonrisas de espíritu navideño que desparecerán en cuanto primavera funda el invierno.
Y yo aquí, quieta, silenciosa, con el espíritu navideño todavía amordazado y la cabeza embotada, esperando el ruido de esa marea de gente volviendo a sus casas.
Es entonces cuando aparece, y entonces la navidad tiene sentido y tengo una razón por lo menos para ser feliz, y mi corazón bota en el pecho al sentir un abrazo. El calor de los que te quieren. El olor a cariño. Los ojos brillantes de sonrisa. La vuelta a casa.
Feliz Navidad.
domingo, 29 de noviembre de 2015
El yo diario.
Y no hay necesidad de cubrirse de capas y capas de ropa y máscaras.
A veces es bueno perderse, para así después encontrarse y descubrir que hay gente que te encontró antes de que tú lo hicieras. He cubierto mis heridas con el rasgueo de la guitarra y ahora tengo miedo de haber perdido mis sentimientos.
Mi yo de diario sonríe a la cámara mientras Elipsis gira la cabeza, incómoda. ¿A quién engaño? No siempre soy yo. No siempre soy Elipsis. Y tengo miedo de que una de las dos desaparezca y de sentir que me falta la mitad de mí misma.
¿Quién soy?
El tiempo, Cronos, lo dirá.
Hasta entonces, iré recogiendo mis jirones para no perder mi esencia.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Conversaciones II
Saca un paquete de cigarrillos y, con calma, saca un Lucky Strike. Lo posa entre sus labios y, tras encenderlo, exhala una bocanada de humo.
- Me arrepiento de muchas cosas. No debería hacerte echado la bronca el día ese que se te calló el café sobre mi vestido y me tuve que cambiar porque tenía prisa, ni ese día en que hiciste la reserva para el restaurante en el día que no era y no pudimos entrar y tuvimos que volver a casa y...
Él no ha abierto la boca desde que aparecí en la puerta de su casa, calada hasta los huesos y una botella de crema de orujo bajo el brazo, con el labio superior tembloroso y sin apenas maquillar. Se ha limitado a retirarse de la puerta para dejarme pasar. Los últimos diez minutos los ha pasado mirando a la nada, con la lluvia golpeando los cristales. Ni siquiera me he quitado el abrigo.
- Escucha -Se gira bruscamente, sin llegar a mirarme directamente a los ojos. Su voz está distorsionada por la rabia ¿O será el tabaco? Cuando le conocía no fumaba.- Ha pasado el tiempo.
- Lo sé, y por eso...
- No, no lo sabes. ¿Recuerdas a los pájaros? Dime, ¿lo recuerdas?
Asiento con la barbilla temblorosa y los ojos humedecidos.
- Fue la primera vez que te dije que te quería. Yo no me arrepiento de nada. Y todavía no entiendo qué haces aquí.
Me permito el lujo de reírme. Pero no suena brillante, como suelo reír yo. Es más un jadeo con un deje metálico y cortante. ¿Qué nos ha pasado?
- ¿Qué nos ha pasado? Ahora yo soy el pájaro que va solo. No quiero retomar lo que tuvimos, porque es imposible.
- Lo es. ¿Qué coño quieres?
- Cerrar este capítulo.
Avanza hacia mí lentamente, con el cigarrillo entre dos dedos. Su olor va haciéndose más y más fuerte según se va acercando, y a mí se me pone carne de gallina. El beso es suave y cálido, pero sus ojos son fríos, y su voz cortante.
- Ya está. Capítulo cerrado. Te quiero, siempre lo he hecho.
- Yo también te quiero.
Suspira con calma, como si fuese una niña pequeña a la que hay que explicárselo todo.
- Ambos sabemos que no es así. Llévate tu botella.
No se molesta en abrir la puerta. Retrocedo poco a poco hasta que siento el picaporte y me marcho. Sus labios permanecen sellados en los míos cuando me giro por última vez.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
sábado, 3 de octubre de 2015
Maruxaina
Surca la espuma de mis olas e inspira el salitre incrustado en mis rocas.
Saborea el aire puro que surge de mis entrañas y cura tus heridas con la hierbabuena de mis costas
Amarra, amarrad en el puerto seguro de mi pecho
Y no dejéis de cantar al fondo de mi ser que moriréis contra mis esquirlas de piedra amando todavía mi recuerdo.
lunes, 4 de mayo de 2015
Creo que fue lo primero de él que me llamó la atención, el hecho de que fuese leyendo. Hoy en día es tan complicado encontrar gente así que me siento bien cada vez que tropiezo con uno. A día de hoy puedo recordar con exactitud el libro en el que centraba toda su atención. Era una edición de Momo del 83, con las páginas amarillentas y un dibujo de la niña en la portada de tonos sepia. Las letras del título eran de un color llamativo y no tenía ninguna reseña en la contraportada. Él (ya que a estas alturas todavía no sé su nombre) pasó dos paradas contemplando el dibujo de Momo y la tortuga del Maestro Hora, Casiopea, rodeadas de torres altas plagadas de relojes.
Recuerdo que a la altura de Alto de Extremadura cerró el libro con suavidad y se apoyó en la pared, ya que había estado leyendo cogido de una de las barras que cruzan el techo del vagón de punta a punta. No sé por qué, pero fue en ese punto cuando nuestras miradas chocaron, en vez de encontrarse. Chocaron porque fue una especie de explosión lo que sucedió entonces, cuando sus ojos verdosos ahondaron en mí con curiosidad. Y yo, estúpida de mí, no hice más que retirarme el flequillo de los ojos y bajar la vista mientras el tren frenaba suavemente en Príncipe Pío. No volví a levantar la mirada hasta que, con una sacudida, el vagón volvió a ponerse en marcha, pero para entonces él ya había bajado.
Desde entonces, todos los días, cuando cogía el metro, me sentaba en el mismo vagón de la línea seis, donde le encontraba de pie, en la misma barra, aunque el resto del tren estuviese vacío. Yo me quitaba el pelo de la cara con mi mano torpe, nuestros ojos se estudiaban detenidamente y de mi bolso sacaba un libro pequeño, de páginas amarillentas y un dibujo de una niña en tonos sepia en la portada.
Y leíamos ese libro hasta que sus ojos verdes desaparecían.
sábado, 28 de febrero de 2015
[Sin título]
No quiero más preguntas.
No quiero escuchar tu voz,
ronca, rota y oscura.
Ni tampoco quiero que me toquen
tus manos frías y ásperas
y no quiero que me llames por mi nombre.
¡Déjame!
Llévate contigo todos los recuerdos que
afloran en mi mente mientras me despido
porque ni los quiero a ellos
ni te quiero a ti.
No me des la espalda
hasta que yo te diga que lo hagas.
No desaparezcas
ni te enfades hasta que te lo indique.
Baja la cabeza, ríete entre dientes y
levanta los brazos con calma.
-Eh, tranquila.
Tómame por loca, que se te da bien.
No quiero decirte adiós por una parte.
Y por otra estoy harta de ser yo la que saluda.
De tomarme la molestia
de buscarte
para que luego te quejes de mi indiferencia
y resoples mirándome
de reojo.
No me entiendas.
No me hace falta.
Y no te vayas.
No quiero estar sola.
jueves, 12 de febrero de 2015
Me cedes tu voz y tus labios y me apropio de ellos.
Me prestas tus ojos y veo a través de su superficie.
Me entregas tus pensamientos y yo los mastico.
Y los digiero.
Los doy vueltas hasta que se parecen a lo que quiero oír.
Lo tergiverso todo para dejarlo tal y como a mí me gusta.
A veces no hace falta que hables.
Me gustan tus silencios en persona.
Me gusta interpretarlos y sacar un significado que me convenza.
A mí.
La realidad no me importa.
viernes, 30 de enero de 2015
¿Y si...?
y deshacer poco a poco tus por qués.
Desgranar desde la parsimonia
todos los puntos de vista
y dejar que tu opinión se cuele a través del cristal.
Me gusta soñar con los ojos abiertos
y reflexionar sobre el día a día.
Susurrar versos sin rima al viento, buscando una simple respuesta
y algo con el que llenar tantas páginas vacías.
Busco variar.
Pienso sobre cómo sería todo si mis decisiones hubiesen sido otras
o si esas otras decisiones me habrían llevado a ti.
Si eres mi destino
o si no eres más que otro figurante que se irá como la espuma cuando menos me lo espere.
A veces reviso todo lo vivido
y lo doy la vuelta.
Y a veces cambio el curso de la historia para ver qué pasaría.
Me gusta jugar con ese ¿Y si...?
jueves, 29 de enero de 2015
En un principio no comprendí a qué se referían con eso. Siempre he vivido ocupada, bien por estudios, bien por hobbies, bien por salidas y viajes persiguiendo mi sueño.
Vives sin darte cuenta.
Mientras mantenía una agitada discusión sobre mis horarios, esta frase pasó totalmente desapercibida. Sin embargo, al volver a casa, esas palabras empezaron a golpearme en la sien como un martillo.
Vivimos tan rápido que no sentimos cómo la vida se escurre sin remedio entre los dedos. "Pensamos demasiado y sentimos muy poco", que dice la película. Estamos pendientes de nuestros empleos, de las noticias, las personas influyentes, de llegar a fin de mes, de los impuestos, de las necesidades básicas, que no caemos en cuenta en la cantidad de vida que dejamos pasar.
No nos enteramos de las risas de los niños. Hemos perdido los juegos infantiles en los parques y los puestos de helados. No nos damos cuenta de los pequeños gestos de bondad que flotan a nuestro alrededor, de las flores que crecen en medio de la calzada o de los susurros que se dicen los enamorados al oído. Nos estamos perdiendo los mejores versos en la lista de la compra, el movimiento de los árboles con el viento o el baile del agua en las fuentes.
Vivimos sin darnos cuenta. Y muchos, no nos daremos cuenta nunca.

